Enfrente de la pétrea solana orientada al sur, se conserva el secular laberinto de mirto inspirado en los jardines de Versalles y al lado del cual se encuentra el Cenador Clásico, sus paredes acristaladas nos dan sensación de formar parte de este jardín. El césped esmeraldino se halla ornado de flores de todas clases y aromatiza el ambiente el azahar de unos dulcísimos naranjos.

